Claudia Sheinbaum y la nueva visión de país: un humanismo que aterriza en Chiapas
Por Ernesto Cruz.
El mensaje de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo durante la inauguración del Hospital General Regional de Especialidades No. 13 “14 de septiembre” del IMSS en Tuxtla Gutiérrez fue mucho más que un discurso institucional. Fue, en esencia, una declaración de rumbo: un recordatorio de que la transformación que vive México no es un lema, sino una forma de gobernar que se sostiene en hechos, obras y principios que buscan colocar a las personas en el centro.
En Chiapas —un estado históricamente postergado, pero rico en dignidad y trabajo— las palabras de Sheinbaum resonaron especialmente fuerte. No solo entregó un hospital de alta especialidad que amplía el derecho a la salud; también trazó con claridad la ruta de una visión de país que apuesta por la justicia social como columna vertebral del desarrollo.
En esta visita, la presidenta reiteró algo que vale la pena enfatizar: en México ya no hay progreso sin bienestar, ni crecimiento sin inclusión. Los polos de desarrollo para el bienestar —como los que se impulsan en Tapachula y Arriaga— no buscan atraer inversión a cualquier costo, sino construir empleos bien remunerados que respeten la dignidad de las personas y generen arraigo. La Cuarta Transformación propone una economía que no deje a nadie atrás, y Sheinbaum lo dejó claro: la prosperidad solo es prosperidad si es compartida.
Sus palabras también fueron un homenaje sincero al IMSS y a quienes lo sostienen día a día: médicas, médicos, enfermeras y personal de salud que, como recordó, se entregaron sin reservas durante la pandemia. No es casual que Sheinbaum hable del IMSS desde su propia experiencia como madre y como exjefa de gobierno. Esa relación humana, que muchas veces se pierde en la retórica política, es parte de lo que distingue su liderazgo.
La presidenta explicó, además, un cambio profundo en el sistema de salud: la construcción de un modelo universal, donde las instituciones —IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar— trabajen de forma articulada para que ninguna persona quede sin atención médica, aun cuando pierda su empleo o no cuente con seguridad social. Esta visión no es menor: representa el paso histórico hacia un país donde el acceso a la salud deje de ser un privilegio y se consolide como un derecho efectivo.
En su mensaje también apareció un punto esencial para entender este momento: la fuerza del movimiento de transformación no proviene del poder político, sino de la coherencia. “Nosotros no traicionamos nuestros principios”, afirmó Sheinbaum, recordando que el objetivo es atender primero a quienes más lo necesitan. Este principio —“por el bien de todos, primero los pobres”— no es un eslogan, sino la base ética de un modelo de país que busca corregir desigualdades estructurales que durante décadas se normalizaron.
La presidenta habló con claridad de los retos y de quienes se resisten al cambio, pero también dejó algo firme: México ya no es el mismo. La mayoría social decidió transformar su destino, y Chiapas es un ejemplo vivo de lo que ocurre cuando el Estado llega con obras, con inversión, con hospitales, con caminos, con seguridad y con una visión de justicia.
Claudia Sheinbaum no solo inauguró un hospital; inauguró una etapa que apuesta por un país más igualitario, más humano y más digno. En Chiapas, un estado que conoce las carencias pero también la fuerza de su gente, ese mensaje no pasa desapercibido.
Hoy, la transformación no se anuncia: se construye. Y Chiapas, con el respaldo del gobierno federal y del gobernador Eduardo Ramírez, comienza a caminar al ritmo de un país que quiere —y merece— un futuro más justo.
La presidenta lo dijo con convicción: vamos bien y vamos a ir mejor. Y, por primera vez en mucho tiempo, México siente que eso puede ser verdad.

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