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Pulmones para la capital, aire para el porvenir


Por Ernesto Cruz.

En tiempos en los que el planeta entero enfrenta las consecuencias de un deterioro ambiental acelerado, el anuncio del gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, sobre la Declaratoria de los Pulmones de la Capital, es más que un acto administrativo: es un recordatorio urgente de que la supervivencia colectiva empieza por la protección de nuestro entorno más inmediato.

“Cuidar a nuestra madre tierra es una de las acciones prioritarias del gobierno de la Nueva ERA”, dijo el gobernador durante la firma del decreto que reconoce a los parques Cañahueca, Joyyo Mayu y Tuchtlán como Centros Ecológicos Recreativos. La decisión, más allá de su simbolismo, apunta hacia un modelo de ciudad que recuerda que el desarrollo no puede continuar avanzando a costa de sus zonas verdes, sino en armonía con ellas.

Y es que estos parques no son simples espacios de esparcimiento. Son auténticos pulmones urbanos:

  • Regulan la temperatura y contribuyen a mitigar el efecto de isla de calor, tan evidente en ciudades en crecimiento.

  • Capturan dióxido de carbono y liberan oxígeno, ayudando a mejorar la calidad del aire en zonas densamente pobladas.

  • Favorecen la infiltración de agua al subsuelo, recargando mantos acuíferos y reduciendo el riesgo de inundaciones.

  • Sirven como refugio para aves y especies locales, creando corredores biológicos que sostienen la biodiversidad.

  • Ofrecen espacios seguros para la actividad física y la convivencia, factores que inciden directamente en la salud física y mental de la población.

En un estado como Chiapas, cuya riqueza natural es parte de su identidad, estas acciones deberían ser la regla, no la excepción. No obstante, reconocer, proteger y categorizar estos parques como Centros Ecológicos Recreativos no solo garantiza su preservación jurídica; también obliga a las instituciones a mantener una vigilancia activa sobre su uso, su cuidado y su futuro.

La Nueva ERA habla de una forma distinta de gobernar y de un diálogo renovado con la ciudadanía. Preservar los espacios verdes es, quizá, una de las muestras más tangibles de este compromiso. Porque una ciudad que respira es una ciudad que piensa en su gente; porque un gobierno que protege la naturaleza es un gobierno que entiende que no hay bienestar posible sin un ambiente sano.

Ojalá esta declaratoria sea apenas el inicio de una política ambiental más profunda, que repare lo que se ha perdido y defienda lo que aún nos queda. Cañahueca, Joyyo Mayu y Tuchtlán hoy reciben un nombre nuevo, pero su misión de siempre sigue intacta: sostener la vida en medio del concreto. Y nosotros, como sociedad, tenemos el deber de honrarlo.

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