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Infraestructura con sentido social: una deuda que empieza a saldarse


Por Ernesto Cruz.

Por años, municipios como Capitán Luis A. Vidal han sido parte de la geografía olvidada de Chiapas. Lejanos en el mapa, pero aún más distantes de las decisiones públicas, sus habitantes han aprendido a vivir con carencias históricas: servicios insuficientes, caminos precarios y una infraestructura que no alcanzó a acompañar el crecimiento de sus necesidades. Hoy, sin embargo, el discurso parece comenzar a transformarse en acciones concretas.

La reciente gira de trabajo del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, acompañado por la secretaria de Infraestructura, Anakaren Gómez Zuart, deja un mensaje claro: el desarrollo no puede seguir concentrándose en los mismos puntos de siempre. La inclusión de Capitán Luis A. Vidal dentro de la estrategia para atender a los 12 municipios más olvidados de Chiapas es, sin duda, una señal política relevante, pero también un compromiso que deberá medirse en resultados.

La inversión anunciada —más de 33 millones de pesos— destinada a la construcción de un Centro Integrador de Servicios, un Centro de Desarrollo Comunitario “Pilares” y la red de energía eléctrica en la cabecera municipal, representa mucho más que cifras. Significa la posibilidad de acercar servicios, fortalecer el tejido social y dignificar la vida cotidiana de una población que durante décadas ha esperado oportunidades reales.

Hablar de una nueva era de gobierno implica, necesariamente, cambiar la lógica con la que se planea la obra pública. No se trata solo de construir por construir, sino de hacerlo con visión social, priorizando lo que verdaderamente impacta en el bienestar colectivo. En ese sentido, la narrativa de la actual administración apunta a corregir viejas desigualdades, aunque el reto será mantener la coherencia entre el anuncio y la ejecución.

La infraestructura, cuando se diseña desde las necesidades reales de la gente, se convierte en una herramienta de justicia social. Capitán Luis A. Vidal y otros municipios en condiciones similares no requieren promesas reiteradas, sino obras bien hechas, funcionales y duraderas. El camino apenas comienza, y la expectativa ciudadana es alta.

Si esta estrategia logra consolidarse y extenderse con transparencia y eficacia, Chiapas podría empezar a saldar una deuda histórica con sus regiones más rezagadas. La obra pública, entonces, dejará de ser un discurso para convertirse en un verdadero motor de bienestar y desarrollo.

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