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La iguana verde: un símbolo de Chiapas que no debe desaparecer


Entre las ramas húmedas de la selva chiapaneca, la iguana verde aún resiste. Su presencia forma parte del paisaje natural de ríos, manglares y zonas tropicales del estado; sin embargo, detrás de esa imagen cotidiana existe una realidad alarmante: la captura ilegal y el consumo humano continúan poniendo en riesgo a esta especie emblemática.

La llamada iguana verde, científicamente conocida como Iguana iguana, se encuentra bajo la categoría de “Protección Especial” de la NOM-059-SEMARNAT-2010, debido a que sus poblaciones podrían verse amenazadas si no se controlan la cacería y el comercio ilegal. Además, está incluida en el Apéndice II de la CITES, tratado internacional que regula el comercio de especies silvestres para evitar su desaparición.

En Chiapas, la problemática tiene profundas raíces culturales y económicas. Durante décadas, la carne y los huevos de iguana han sido comercializados en mercados, carreteras y comunidades rurales, especialmente durante temporadas de reproducción. Aunque para muchas familias representa una tradición alimentaria, la extracción indiscriminada ha reducido considerablemente las poblaciones silvestres.

Los operativos recientes de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente evidencian que el tráfico ilegal continúa activo. En distintos estados del sur del país se han asegurado decenas e incluso cientos de ejemplares transportados en condiciones inhumanas. Tan sólo en 2026, autoridades rescataron 192 iguanas verdes que eran trasladadas ilegalmente en cajas de cartón en Oaxaca; 31 murieron debido al hacinamiento y al estrés del traslado.

En Chiapas tampoco es un fenómeno aislado. Desde años atrás, la PROFEPA ha realizado decomisos en mercados municipales, como ocurrió en Tuxtla Chico, donde fueron aseguradas iguanas verdes vendidas de manera clandestina y mantenidas en malas condiciones físicas.

La venta ilegal de fauna silvestre no solo representa un delito ambiental; también rompe el equilibrio ecológico. La iguana verde cumple funciones fundamentales en los ecosistemas tropicales: dispersa semillas, contribuye a la regeneración forestal y forma parte de la cadena alimenticia natural. Cuando desaparece una especie, el daño no se limita al animal, sino que afecta a toda la biodiversidad.

A ello se suma otro problema silencioso: la destrucción de su hábitat. La deforestación, el crecimiento urbano y los incendios forestales reducen cada año los espacios donde esta especie puede alimentarse y reproducirse. La combinación entre pérdida de hábitat y caza ilegal genera una presión que podría llevar a una disminución irreversible de sus poblaciones.

No obstante, también existen esfuerzos importantes para su conservación. En México operan diversas Unidades de Manejo para la Conservación de la Vida Silvestre (UMAS), espacios autorizados por SEMARNAT para proteger, reproducir y manejar especies de forma sustentable. En Chiapas, algunas UMAS han servido como refugio temporal para ejemplares decomisados por autoridades ambientales.

Las campañas de educación ambiental también han comenzado a generar conciencia entre las nuevas generaciones. Cada vez más organizaciones civiles, investigadores y ciudadanos impulsan el respeto hacia la fauna silvestre y denuncian la venta clandestina en redes sociales y mercados informales.

La conservación de la iguana verde no puede depender únicamente de operativos gubernamentales. Requiere participación social, educación ambiental y aplicación firme de la ley. Protegerla significa defender parte de la identidad natural de Chiapas.

Porque el día que las iguanas desaparezcan de nuestros árboles y selvas, no solo perderemos una especie; perderemos también una parte invaluable de nuestra riqueza biológica y cultural. 

 

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