Opinión || Firmar a mano: cuando gobernar significa no detenerse
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| "Las cosas se resuelven en caliente, Si no, pues no, no sirve la autoridad" Eduardo Ramírez, Gobernador del Estado de Chiapas. |
Hay momentos en la política que parecen pequeños, incluso anecdóticos, pero que terminan diciendo mucho más que un discurso completo. La firma a mano de dos documentos por parte del gobernador Eduardo Ramírez, durante el encuentro con integrantes de la Sección 40 del SNTE, fue uno de esos momentos.
Mientras se hablaba de adeudos, prestaciones y compromisos con el magisterio, el gobernador decidió no esperar a que los documentos regresaran por los canales administrativos habituales. Tomó una pluma, firmó y dejó una frase que resume una manera de entender el ejercicio del poder: "las cosas deben ser rápidas y contundentes".
Más allá de la imagen, hay un mensaje político evidente.
En una administración pública acostumbrada a oficios, sellos, turnos, revisiones, firmas y expedientes que pueden pasar semanas recorriendo escritorios, detener un procedimiento burocrático para firmar personalmente un documento puede parecer un acto menor. Pero precisamente ahí está el simbolismo: el funcionario no debe convertirse en el obstáculo de la solución.
La burocracia existe por una razón. Los procedimientos administrativos garantizan orden, legalidad y transparencia. Pero cuando el procedimiento termina convirtiéndose en una justificación para no resolver, entonces deja de ser una herramienta y se transforma en un problema.
Y eso es precisamente lo que el gobernador pareció querer transmitir.
No se trataba solamente de firmar rápido. Se trataba de asumir la responsabilidad de decidir.
Porque una de las grandes enfermedades de la administración pública es la cultura del "mañana". Mañana revisamos. Mañana firmamos. Mañana lo vemos. Mañana lo turnamos. Mañana buscamos el recurso. Y mientras el "mañana" se repite, los problemas se convierten en años.
En el caso del magisterio, el propio gobernador habló de adeudos que se habían acumulado durante aproximadamente ocho años. Es decir, lo que alguna vez pudo haber sido un pendiente administrativo terminó convirtiéndose en un problema histórico.
Por eso aquella firma adquiere un significado mayor.
Un gobierno que quiere resolver no puede darse el lujo de enamorarse de sus propios trámites.
Pero tampoco debemos confundir rapidez con improvisación. Las decisiones públicas tienen que ser legales, transparentes y financieramente responsables. La velocidad por sí misma no es una virtud si termina generando errores que después alguien más tendrá que corregir.
La verdadera eficacia está en otra parte: decidir oportunamente, ejecutar correctamente y asumir las consecuencias.
La escena del gobernador firmando a mano también plantea una pregunta incómoda para todo el aparato gubernamental: ¿cuántos asuntos podrían resolverse si los funcionarios responsables tuvieran esa misma determinación?
Porque muchas veces el problema no está en que falten recursos, leyes o facultades. El problema está en que nadie quiere asumir el costo de tomar una decisión.
Y ahí está el valor político de aquel gesto.
Ramírez no solamente habló de resolver; quiso mostrar que resolver implica actuar. La firma a mano fue una forma de decirle a su equipo y a quienes estaban presentes que una decisión que puede tomarse hoy no tiene sentido aplazarla hasta el lunes.
En política, los gestos importan. Y ese gesto fue claro.
Ahora bien, la pluma no puede sustituir a los resultados.
La fotografía de un gobernador firmando rápidamente puede generar simpatía, aplausos y titulares. Pero la verdadera prueba vendrá después: que los acuerdos se cumplan, que los recursos lleguen a quienes corresponden y que los pendientes efectivamente dejen de ser pendientes.
Porque al final, la velocidad de una firma solamente importa cuando acelera una solución.
Eduardo Ramírez dejó una frase que merece quedarse más allá del acto protocolario: las cosas deben ser rápidas y contundentes.
Ahora corresponde demostrar que esa no será solamente una forma de hablar, sino una forma de gobernar.
Porque Chiapas no necesita más problemas administrados durante años.
Necesita decisiones. Y, sobre todo, necesita que esas decisiones lleguen a tiempo.

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