En Chiapas hay historias que no siempre ocupan los grandes titulares, pero que representan verdaderas transformaciones sociales. Una de ellas comienza con algo tan sencillo —y al mismo tiempo tan poderoso— como aprender a leer y escribir.
Combatir el analfabetismo no es únicamente una tarea educativa. Es abrir puertas, recuperar oportunidades y devolverle a miles de personas la posibilidad de desenvolverse con mayor autonomía en su propia comunidad y frente a un mundo que durante años pudo parecerles inaccesible.
Por eso merece atención el avance del programa “Chiapas Puede”, impulsado por el gobierno de Eduardo Ramírez Aguilar y reconocido por la UNESCO, particularmente por su enfoque para atender el rezago educativo respetando las lenguas indígenas y los saberes comunitarios.
El dato es significativo: cerca de 250 mil chiapanecos y chiapanecas han sido incorporados a este esfuerzo de alfabetización. Detrás de esa cifra hay personas, familias y comunidades que hoy tienen nuevas herramientas para construir un futuro diferente.
Y aquí aparece un elemento especialmente importante: la alfabetización no debe entenderse como un punto de llegada, sino como el comienzo de un camino. Quien aprende a leer y escribir puede continuar hacia la primaria, la secundaria y, eventualmente, hacia niveles educativos superiores. Es decir, una oportunidad puede convertirse en muchas más.
La participación del Congreso del Estado, encabezado en su Mesa Directiva por la diputada Marcela Castillo Atristain, también refleja que enfrentar el rezago educativo requiere coordinación entre instituciones y una visión de largo plazo.
En un estado como Chiapas, donde la dispersión geográfica y la diversidad cultural representan enormes desafíos, llevar educación hasta las comunidades más apartadas significa apostar por una verdadera inclusión.
Hay algo que no debemos perder de vista: un Chiapas con menos analfabetismo es un Chiapas con más posibilidades de desarrollo.
Cada persona que aprende a leer una instrucción, firmar su nombre, comprender un documento, acompañar a sus hijos en sus tareas o continuar con sus estudios, está conquistando una pequeña pero enorme parcela de independencia.
Por eso, más allá de las cifras y de los discursos, la alfabetización debe celebrarse como una política que pone en el centro a las personas.
Porque cuando una sociedad enseña a leer y escribir a quienes durante años estuvieron al margen de las oportunidades, no solamente está enseñando letras.
Está escribiendo una nueva historia.
Cuando aprender a leer también significa recuperar la esperanza
Revisado por Atmósfera Chiapas
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septiembre 08, 2026
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