Dengue en Chiapas: entre la prevención y el riesgo de bajar la guardia
En Chiapas, la presencia de casos del serotipo 2 vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que no debería esperar a que llegue una emergencia sanitaria: ¿estamos haciendo lo suficiente para prevenir?
La Dirección General de Epidemiología reportó 32 casos de dengue serotipo 2 en la entidad. El dato merece atención, pero también precisión: no estamos hablando de una nueva variante del virus. El DENV-2 es uno de los cuatro serotipos conocidos del dengue y su presencia, por sí misma, no significa que Chiapas esté frente a una nueva epidemia.
Sin embargo, tampoco sería responsable minimizarlo.
El dengue se transmite principalmente por el mosquito Aedes aegypti, un insecto que encuentra en patios, recipientes con agua acumulada, llantas, cubetas, tinacos y otros objetos las condiciones ideales para reproducirse. Y en una entidad como Chiapas, donde las lluvias y las altas temperaturas pueden favorecer la proliferación del mosquito, la prevención debe ser permanente.
Hay un dato que debería darnos cierto optimismo, pero no tranquilidad absoluta.
En mayo pasado, la Secretaría de Salud de Chiapas informó una reducción de 76 por ciento en los casos de dengue y reportó acciones de control que incluyeron el trabajo en 181 mil viviendas y la eliminación de 5 mil 300 toneladas de cacharros.
Es decir, hay resultados y hay acciones.
Pero precisamente por eso, ahora viene la parte más difícil: no bajar la guardia.
Porque el dengue no desaparece porque disminuyan los casos durante algunos meses. El mosquito tampoco entiende de estadísticas ni de calendarios. Si existen criaderos, existen condiciones para que la transmisión regrese.
Y aquí aparece una responsabilidad compartida.
Las autoridades sanitarias tienen que mantener la vigilancia epidemiológica, el control de vectores, las campañas de descacharramiento y las acciones de fumigación cuando estén epidemiológicamente justificadas. Pero también la ciudadanía tiene una tarea que no puede delegarse: eliminar recipientes donde pueda acumularse agua y acudir a los servicios médicos ante síntomas compatibles con dengue.
También hay que escuchar las denuncias ciudadanas.
Si habitantes de distintas colonias de Tuxtla Gutiérrez señalan que las jornadas de fumigación no están llegando con la frecuencia esperada, la respuesta no debería ser ignorarlos ni tampoco asumir automáticamente que existe una crisis. Lo correcto es verificar, medir y explicar.
La salud pública necesita datos, no rumores.
Y necesita algo más: capacidad de anticipación.
La Secretaría de Salud federal mantiene actualizado el Panorama Epidemiológico de Dengue por semana epidemiológica; el documento más reciente disponible corresponde a la semana 34 de 2026. Esto significa que hoy contamos con herramientas para identificar tendencias y actuar antes de que un problema se convierta en crisis.
México, además, reportó en agosto una disminución cercana al 80 por ciento de los casos de dengue de 2026 frente a 2024 y mantiene una estrategia nacional de vigilancia con más de 210 mil ovitrampas para monitorear la presencia del mosquito y construir mapas de riesgo.
Entonces, quizá la pregunta no debería ser si estamos ante una “nueva variante peligrosa”.
La pregunta verdaderamente importante es otra:
¿Vamos a aprovechar los datos favorables para fortalecer la prevención o esperaremos a que los hospitales se llenen para reaccionar?
El dengue no se combate solamente cuando aparecen enfermos. Se combate antes: en el patio de cada casa, en las calles, en las colonias y con políticas públicas constantes.
Chiapas ha demostrado que es posible reducir los casos. Ahora el reto es sostener esa reducción.
Porque en materia de salud pública, celebrar una estadística positiva está bien.
Pero convertirla en una excusa para bajar la guardia sería un error.

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