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Paridad sin simulación: las mujeres no necesitan padrinos, necesitan oportunidades


Por Ernesto Cruz.

Exigir mujeres con trayectoria, experiencia y trabajo político no es violencia de género; es defender una paridad auténtica, frente al riesgo de que los espacios conquistados por las mujeres terminen bajo el control de los mismos grupos de poder.

La paridad de género no puede convertirse en una puerta trasera para perpetuar el poder político de las mismas familias. La participación de las mujeres en la vida pública es una conquista histórica que debe traducirse en oportunidades reales, no en candidaturas construidas desde los intereses personales, familiares o económicos de quienes buscan conservar el control.

La reflexión de Alejandra Soriano pone sobre la mesa un debate fundamental rumbo a las elecciones municipales de 2027 en Chiapas: exigir que los partidos postulen mujeres con trayectoria, experiencia y trabajo político no es violencia política en razón de género; es cuestionar cómo se ejerce y se representa la paridad.

La igualdad no consiste únicamente en cumplir con el requisito de colocar el nombre de una mujer en una boleta electoral. También implica garantizar que las mujeres tengan condiciones para construir su propio liderazgo, participar en la toma de decisiones y ejercer el poder con autonomía.

El problema surge cuando la paridad se convierte en un mecanismo para favorecer a esposas, hijas, hermanas o parejas de quienes ya concentran el poder. No por el parentesco en sí mismo, sino cuando existen indicios de que una candidatura responde a intereses de continuidad política, control económico o acuerdos cupulares, en lugar de un proceso auténtico de participación y competencia.

Y aquí hay una distinción indispensable: ninguna mujer debe ser descalificada por ser familiar de un político, pero tampoco debe utilizarse la paridad como justificación para cerrarles el paso a otras mujeres con años de trabajo, preparación y compromiso público.

La paridad no puede significar cambiar el nombre de quien aparece en la boleta para que todo siga bajo el control de los mismos.

Los partidos políticos tienen una responsabilidad que va más allá de cumplir con porcentajes y disposiciones electorales. Deben abrir espacios, construir liderazgos femeninos y garantizar procesos transparentes en la selección de sus candidaturas.

En Chiapas, donde se ha colocado la paridad en el centro de la discusión rumbo a 2027, el verdadero desafío será impedir que una conquista democrática termine reducida a una simulación de los grupos que históricamente han concentrado el poder.

Las mujeres no necesitan que les hereden candidaturas ni que otros decidan por ellas. Necesitan oportunidades, condiciones de competencia y la libertad de ejercer el poder sin tutelas familiares o políticas.

Porque defender la paridad también significa defender el derecho de las mujeres a construir su propia trayectoria.

La pregunta no es solamente cuántas mujeres llegarán al poder en 2027, sino cuántas podrán ejercerlo con autonomía y sin responder a intereses ajenos.

La paridad debe abrir las puertas del poder a las mujeres, no convertirse en la llave para que los mismos de siempre permanezcan detrás de ellas.

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