Cero tolerancia: la prueba del compromiso con la justicia
Por años, el Colegio de Bachilleres de Chiapas (Cobach) ha sido un espejo incómodo del sistema público estatal: un espacio educativo que, en lugar de irradiar ética y formación, se veía ensombrecido por señalamientos de corrupción, compadrazgos y abusos de poder. Hoy, sin embargo, algo parece haberse movido. La reciente detención de seis servidores públicos del Cobach, acusados de extorsión agravada, no es un hecho menor. Es una señal que, de confirmarse su alcance, podría marcar un antes y un después en la lucha contra la corrupción en el estado.
La Fiscalía General del Estado, en coordinación con la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, actuó con firmeza y logró desmantelar lo que se presume era una red de extorsión al interior del sistema educativo. Pero el dato más revelador de las investigaciones es que las víctimas eran, principalmente, mujeres trabajadoras. Este componente da una dimensión más profunda al caso: no solo hablamos de corrupción administrativa, sino de un abuso de poder que combina el autoritarismo con la violencia de género.
El gobernador Eduardo Ramírez Aguilar ha sido claro: “En Chiapas no se tolera la corrupción.” Y esta vez, sus palabras encuentran sustento en los hechos. Sin embargo, la historia política de Chiapas nos obliga a mantener la cautela. No sería la primera vez que una acción judicial se convierte en un gesto mediático, útil para enviar un mensaje de fuerza, pero insuficiente para generar un cambio real. La ciudadanía no necesita solo castigos ejemplares; necesita instituciones limpias, mecanismos de control efectivos y una justicia que actúe sin selectividad.
Porque combatir la corrupción no es cuestión de un operativo ni de un titular de prensa. Es una tarea de largo aliento que implica desmontar redes, cambiar mentalidades y garantizar que nadie esté por encima de la ley. Si este caso del Cobach es realmente el inicio de una nueva etapa de rendición de cuentas, Chiapas podría estar sentando las bases de un gobierno más transparente y confiable.
Pero la coherencia será la verdadera prueba. Las promesas se sostienen con acciones continuas, no con episodios aislados. Si en los próximos meses la justicia sigue avanzando, sin importar rangos ni colores, entonces sí podremos decir que algo empieza a cambiar.
Por ahora, el mensaje está lanzado: en Chiapas, la corrupción ya no tiene cabida. Falta ver si el eco de esas palabras se mantiene cuando las cámaras se apaguen.

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