El billete del ajolote: un tesoro que va más allá del dinero
Por Janeth Gómez.
Hay algo mágico en ese billete de 50 pesos con el ajolote. No es solo papel y tinta, es un pedazo de nuestra historia, de nuestra identidad, un pequeño tesoro que millones de mexicanos han decidido guardar con cariño en lugar de gastar sin pensarlo.
En un país donde cada peso parece correr con prisa entre nuestras manos, donde el dinero a veces se siente frío y efímero, el billete del ajolote nos invita a detenernos y a valorar algo más profundo. ¿Por qué atesorar un billete en vez de usarlo? Porque ese ajolote no es cualquier criatura; es un símbolo de resistencia, de esperanza, de vida que se niega a desaparecer.
Guardar ese billete es un acto de amor silencioso. Es decir: “Esto me importa, esto quiero proteger”. No es solo la belleza del diseño, con sus colores y detalles que parecen contar historias de Xochimilco y de un México que lucha por sobrevivir, es lo que ese animal representa para nosotros: la fuerza de renacer, de seguir adelante aunque el mundo cambie.
Cuando alguien guarda ese billete en un cajón, en una caja de recuerdos o en un álbum, está guardando un pedazo de su corazón. Es la manera en que muchos mexicanos dicen sin palabras que su cultura, su tierra y su historia tienen valor, un valor que no se mide en monedas ni billetes, sino en sentimiento.
Quizá por eso, ese billete no solo está fuera de circulación; está dentro de nosotros, guardado con ternura, como un amuleto que nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos. Y en un mundo donde todo parece pasajero, conservar ese billete es aferrarse a algo eterno.
Porque a veces, el dinero más valioso no es el que se gasta, sino el que se guarda con el alma.

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