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El Tortimóvil: movilidad social con sabor a tortilla caliente


La llegada del Tortimóvil a la colonia La Misión representa una de esas acciones públicas que, aunque sencillas en apariencia, poseen un impacto profundo en la vida cotidiana. En un estado donde la tortilla es más que un alimento —es tradición, identidad y acompañamiento indispensable en la mesa—, reducir su costo en casi un 50 por ciento no es solo una medida económica, sino un gesto directo hacia el bienestar familiar. El hecho de que las familias puedan acceder a tortillas frescas, calientes y de calidad es una muestra de cómo pequeñas innovaciones pueden generar grandes alivios en los hogares chiapanecos.

El gobernador Eduardo Ramírez no solo acudió a supervisar el arranque de esta iniciativa: se sentó, convivió y degustó unos tacos de chicharrón junto a la gente. Ese detalle, aparentemente cotidiano, refuerza un mensaje político que suele ser difícil de transmitir: la cercanía auténtica. No se trató de un acto protocolario distante, sino de un momento compartido que conecta con la realidad y el paladar del pueblo. En ocasiones, los gobiernos olvidan que la confianza se construye también desde la sencillez y desde los gestos que demuestran sensibilidad por la vida diaria de la ciudadanía.


Cuando el gobernador afirma que las acciones sociales y el contacto permanente con la gente lo fortalecen y animan a seguir adelante, parece demostrar que entiende una premisa esencial del servicio público: gobernar implica escuchar, observar y actuar desde el territorio. Reconocer los límites legales y presupuestales no es una excusa, sino un ejercicio de honestidad. En medio de esas limitaciones, impulsar programas que lleguen directamente a quienes más lo necesitan es una señal de congruencia entre discurso y práctica.

El Tortimóvil, más que un vehículo que entrega tortillas, es una metáfora en movimiento: la política pública puede ser cercana, útil y tangible. Si estas acciones continúan multiplicándose y evolucionan a propuestas de mayor alcance, Chiapas puede avanzar hacia un modelo donde las soluciones prácticas convivan con estrategias de largo plazo. Por ahora, el Tortimóvil ya dejó sobre la mesa —y en la mesa— un recordatorio importante: cuando hay voluntad de servir, hasta una tortilla caliente puede convertirse en símbolo de progreso.



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