Sebastiana, el hilo mágico que cuenta Chiapas
En Chiapa de Corzo, donde las tradiciones se heredan de voz en voz y de gesto en gesto, un pequeño títere de mesa se ha convertido en puente entre la imaginación infantil y la memoria colectiva. Su nombre es Sebastiana y, junto a ella, Rosa Belén Martínez teje historias que abrazan, enseñan y recuerdan quiénes somos.
Rosa Belén Martínez no solo promueve el arte y la cultura: los vive. Desde hace cuatro años, esta promotora cultural recorre espacios comunitarios llevando minicuentos cargados de humor, ternura y experiencias cotidianas que conectan de inmediato con niñas y niños. A través de Sebastiana, un personaje entrañable, las infancias escuchan relatos donde la obediencia, el respeto y la convivencia familiar se revelan no como imposiciones, sino como aprendizajes nacidos de la vida diaria.
“Sebastiana todavía mantiene ese hilo entre la magia y la realidad. Un niño siempre vive en esa línea intermedia”, comparte Rosa Belén. Sus historias nacen de vivencias propias o de relatos escuchados en la comunidad: pequeñas aventuras, caídas por desobedecer, juegos, errores y enseñanzas. El hecho de que sea un títere quien las cuente genera confianza; los niños se reconocen en ella y le creen.
Pero el impacto va más allá del público infantil. En cada función, madres y padres también se reencuentran con recuerdos de su propia infancia, con palabras, costumbres y valores que parecían dormidos. Así, el espectáculo se transforma en un acto íntimo y colectivo de recuperación cultural, donde las generaciones dialogan a través del arte.
Las historias de Sebastiana rescatan elementos de la identidad de Chiapa de Corzo y despiertan curiosidad, orgullo y emoción. No se trata solo de entretener, sino de sembrar respeto por las raíces chiapanecas y fortalecer el sentido de pertenencia desde la niñez.
Con su trabajo, Rosa Belén Martínez demuestra que contar historias es un acto profundamente humano: una forma de preservar la memoria, celebrar la identidad y mantener vivas las tradiciones. En cada presentación, Sebastiana mueve sus manos de madera, pero es la comunidad entera la que cobra vida, recordando que la cultura se cuida contando, escuchando y compartiendo.

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