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Opinión || Café con Humanismo: cuando gobernar es sembrar futuro


Por Ernesto Cruz.

En Chiapas, hablar de café no es solo hablar de un producto: es hablar de identidad, de historia, de trabajo comunitario y de esperanza. Por eso, la puesta en marcha del programa “Café con Humanismo”, encabezado por el gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, marca un punto de inflexión en la manera de entender el desarrollo del estado: no desde el cemento que se ve, sino desde la tierra que produce y dignifica.

Beneficiar a más de 25 mil familias cafeticultoras en 87 municipios, con insumos, despulpadoras, herramientas y un vivero que permitirá iniciar la siembra desde mayo, no es un gesto menor. Es una decisión política clara: apostar por la actividad productiva como eje central del bienestar. En un país donde históricamente el campo ha sido relegado a los discursos, hoy Chiapas coloca al cafeticultor en el centro de la agenda pública.

El mensaje del gobernador no solo fue técnico, fue profundamente humano. Reconocer el esfuerzo diario de quienes trabajan la tierra y afirmar que la prioridad de su gobierno es la actividad productiva, revela una visión distinta del poder: una que no se concibe desde la ambición personal, sino desde el compromiso colectivo. “No tengo mayor ruta que la actividad productiva en Chiapas”, dijo, y esa frase resume una filosofía de gobierno que entiende que sin ingresos dignos no hay paz duradera ni desarrollo real.

Ramírez Aguilar también fue claro al señalar una verdad incómoda: durante años, muchos gobiernos se enfocaron únicamente en las obras que lucen, en las que se fotografían, pero olvidaron invertir en lo que verdaderamente transforma la vida de las personas. Hoy, con “Café con Humanismo”, el enfoque cambia: se invierte en lo que genera ingresos, en lo que fortalece la economía regional y en lo que eleva la calidad de vida de miles de familias.

Este programa no camina solo. La coordinación con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo refuerza la idea de una prosperidad compartida, donde el respaldo al campo no es aislado ni improvisado, sino parte de una política nacional que entiende que el desarrollo empieza desde abajo, desde la raíz. Cuando estado y federación caminan en la misma dirección, los resultados dejan de ser promesas y se convierten en realidades tangibles.

El discurso del gobernador también dejó ver un liderazgo cercano, con los pies en la tierra y la mirada en el pueblo. Al hablar del accidente ocurrido en Salto de Agua y reflexionar sobre la buena fe, Ramírez Aguilar apeló a valores que hoy parecen escasos en la política: ética, responsabilidad y conciencia social. Gobernar, en su narrativa, no es imponer, sino acompañar.

Quizá uno de los mensajes más poderosos fue su llamado a “cerrar filas”. No desde la imposición, sino desde la alianza. Porque un gobernador aliado de los cafeticultores no se construye todos los días, y porque el desarrollo del campo requiere confianza mutua, esa que va de ida y vuelta. En tiempos de polarización, hablar de comunión, armonía y paz no es ingenuo: es necesario.

“Café con Humanismo” no es solo un programa; es una declaración de principios. Es entender que sembrar café es sembrar futuro, que apoyar al campo es fortalecer la economía y que gobernar bien es estar siempre pegado al pueblo. Si Chiapas avanza, será porque su tierra produce… y porque su gobierno decidió creer en quienes la trabajan todos los días.

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