Opinión || 72 años del voto femenino: con memoria, con lucha, con futuro
Por Ernesto Cruz.
El 17 de octubre de 1953, las mujeres mexicanas conquistaron un derecho que les había sido negado por siglos: el derecho a votar y ser electas. No fue una concesión, fue el resultado de décadas de lucha, resistencia y organización. A 72 años de aquel momento histórico, vale la pena detenernos a reflexionar no solo sobre lo que se ha logrado, sino también sobre lo que aún falta por alcanzar.
En este contexto, la senadora chiapaneca Edith López Hernández participó en el conversatorio “A 72 años del sufragio femenino en México: avances y retrocesos en Chiapas”, realizado en el Museo del Café de Tuxtla Gutiérrez. Más que un acto protocolario, fue un espacio necesario para hablar con honestidad sobre el presente político de las mujeres, especialmente en una entidad como Chiapas, donde los retos en materia de igualdad y representación siguen siendo profundos.
La senadora lo dijo con claridad: este aniversario no es solo una celebración, es también un llamado a asumir los desafíos actuales. Porque sí, hoy hay más mujeres en cargos públicos que nunca antes. Hoy las leyes mexicanas reconocen la paridad de género como principio constitucional. Pero aún hay municipios donde las mujeres no pueden ejercer plenamente su derecho a participar en la vida pública. Aún hay candidaturas que se les arrebatan mediante violencia política. Aún hay mujeres que tienen que pedir permiso para alzar la voz.
Reconocer el legado de las pioneras —esas que marcharon, firmaron peticiones, fundaron partidos, tocaron puertas una y otra vez— es un acto de justicia histórica. Pero también lo es continuar su lucha desde todos los frentes posibles, especialmente desde el legislativo, donde se diseñan las políticas que pueden transformar realidades.
En ese sentido, el compromiso que refrendó Edith López Hernández desde el Senado es más que oportuno. Garantizar el ejercicio pleno de los derechos políticos de las mujeres no es solo una cuestión de justicia, es una condición indispensable para una democracia auténtica.
El voto femenino no fue el punto final de una historia, fue apenas el inicio de otra: la de mujeres decidiendo, gobernando, legislando, y transformando. A 72 años, que nadie tenga que renunciar a su voz, ni a su espacio en la toma de decisiones.
La democracia no se fortalece sola. Se construye todos los días, con participación, con memoria, y con una convicción firme de que la igualdad no puede seguir esperando.

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