25N: cuando recordar no basta
Cada 25 de noviembre, las instituciones, las calles y las voces públicas se cubren de consignas contra la violencia hacia las mujeres. Pero este año, las palabras pronunciadas en tribuna por la diputada Elvira Catalina Aguiar Álvarez —“Katy Aguiar”— nos recuerdan una verdad incómoda: la conmemoración no sirve de nada si no se convierte en un compromiso permanente, profundo y valiente.
La diputada evocó la frase desafiante de Minerva Mirabal —“si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”— para recordarnos que esta fecha no nació de ceremonias, sino de un feminicidio político brutal. Las hermanas Mirabal no buscaban ser mártires; buscaban libertad, dignidad, vida. Hoy, más de medio siglo después, seguimos evocando su resistencia mientras miles de mujeres enfrentan violencias que deberían pertenecer al pasado.
Katy Aguiar traza una línea clara: cada mujer silenciada es una falla del Estado y de la sociedad, pero cada mujer que encuentra justicia, cada niña que puede crecer sin miedo, es un triunfo colectivo. Su mensaje destaca que Chiapas tiene un gobierno que, en su visión, comienza a tomar acciones más decididas: políticas de protección, acompañamiento, capacitación a autoridades, prevención desde escuelas y comunidades. Reconoce también la agenda presentada por la doctora Claudia Sheinbaum, que coloca la seguridad y la cero impunidad al centro. Más allá de las filiaciones políticas, el énfasis es claro: la violencia no se combate con discursos, sino con recursos, decisiones y voluntad.
Pero la diputada también toca un punto crucial: la violencia no surge de la nada. Se alimenta de estereotipos normalizados, de silencios cómodos, de desigualdades que se heredan como si fueran destino. Cambiar leyes es imprescindible —y el Congreso, afirma, ha avanzado en penas más severas contra agresores y feminicidas—, pero cambiar la cultura es urgente. Y ese trabajo no corresponde solo a instituciones: corresponde también a quienes educan, a quienes callan, a quienes miran hacia otro lado.
Por eso es significativo el llamado que hace a los hombres: asumir un rol activo en la prevención de la violencia, revisarse, deconstruir violencias cotidianas que muchas veces pasan inadvertidas. La igualdad no prospera si la mitad de la población permanece al margen.
El mensaje de Katy Aguiar es contundente: honrar no es suficiente. No basta con recordar a las que ya no están, ni con aplaudir a las sobrevivientes, si no estamos dispuestos a hacer lo que corresponde desde lo público, lo privado y lo personal. El 25 de noviembre no puede ser un ritual vacío; debe ser un punto de inflexión.
Chiapas y México no avanzarán mientras una sola mujer viva amenazada, callada o violentada. No habrá progreso mientras las niñas no puedan soñar sin límites ni las mujeres caminar sin miedo. Podemos decir “ni una más”, pero la frase solo tendrá sentido cuando deje de ser un grito desesperado y se convierta en una realidad palpable.

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