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#Opinión || La confianza que México se ha ganado


Por Ernesto Cruz.

La confianza en las instituciones públicas no se decreta: se construye. Se levanta día a día con cercanía, con trabajo permanente y —sobre todo— con resultados tangibles para la sociedad. Esa es la premisa que la diputada María Mandiola Totoricaguena recordó en Tribuna durante la Sesión Ordinaria, al abordar un dato que, más que motivo de celebración, es una fotografía del momento histórico que vive México: el país ocupa el primer lugar en América Latina y el Caribe en confianza ciudadana hacia las instituciones públicas, según la más reciente encuesta de la OCDE sobre determinantes de la confianza en la región.

No es una cifra menor. La medición señala que el 53.61% de la población mexicana reporta un nivel de confianza alto en sus instituciones, superando a Ecuador (49%), Brasil (38%), Costa Rica (34%) y Colombia (32%), entre otros. Más aún: México rebasa incluso el promedio general de la OCDE, ubicado en 39.3%. Esto representa un giro de 180 grados para un país que históricamente aparecía por debajo de los estándares internacionales.

Pero, como bien subrayó Mandiola, no se trata de echar las campanas al vuelo. No es tiempo de triunfalismos fáciles ni de complacencias. La confianza, cuando llega, no libera de responsabilidades: las multiplica.

¿Por qué la ciudadanía confía más?

Los datos no surgen en el vacío. Son resultado de políticas que han transformado, de manera profunda, la vida de millones de personas:
— Los incrementos sustanciales al salario mínimo, recuperando poder adquisitivo perdido durante décadas.
Más de 13 millones de personas que dejaron atrás la pobreza entre 2018 y 2024, una cifra inédita en la historia social de México.
— El fin de un modelo económico que durante años expulsaba mes con mes a 100 mil personas hacia la pobreza.

Esa es la base real sobre la cual la ciudadanía ha depositado confianza. No en discursos, sino en hechos.

La confianza como mandato

Sin embargo, como enfatizó la diputada, la confianza es un punto de partida, no de llegada. Obliga a seguir trabajando con mayor cuidado y con mayor sensibilidad. Impone la tarea de proteger la honorabilidad de las instituciones, de profundizar los resultados y de mantener una relación de escucha con la sociedad, donde todas las voces cuenten.

La confianza también exige humildad. Porque mientras exista una sola persona en pobreza, la labor no está concluida. Mientras una sola mujer busque justicia, la lucha continúa. Y mientras un solo joven siga esperando oportunidades, el compromiso sigue vigente.

México visto desde afuera y desde adentro

El nuevo modelo mexicano, que en un inicio generó dudas en distintos organismos internacionales, empieza a ser reconocido por sus resultados. Incluso la propia OCDE —antes escéptica— ahora destaca sus avances. No es casualidad: cuando el bienestar se convierte en eje y no en accesorio, las métricas internacionales comienzan a alinearse con la realidad de la gente.

Pero más allá de la aprobación externa, lo esencial es lo que ocurre dentro del país: una ciudadanía que siente que las instituciones empiezan a responder a su propósito original: servir al pueblo.

La lección de este momento

La confianza es un tesoro cívico. Se gana a pulso y se puede perder en un instante. Por eso, la diputada Mandiola insistió en algo fundamental: seguir construyendo desde la vocación democrática, desde el consenso, desde la escucha activa y desde el compromiso ético que dio origen al actual movimiento de transformación.

Hoy México no solo avanza: inspira.
Y hacerlo desde la confianza ciudadana, ganada con trabajo y resultados, es quizá el logro más profundo de esta etapa histórica.

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